Portada del primer número de El Capitán Trueno publicado el día 8 de junio de 1956. El inicio de la serie se desarrolla en el siglo XII durante la tercera toma de San Juan de Acre (Tercera Cruzada), presentando al Capitán como jefe de un grupo de españoles que luchan junto a Ricardo Corazón de León . El precio (1,25 Pts) lo diferencia de su primera reedición llevada a cabo poco tiempo después a 1,50 Pts. el ejemplar.


 



 
Víctor Mora fue el padre literario de El Capitán Trueno, excepto en los cuadernos núms. 26 al 45, que llevan la firma de Ricardo Acedo. Nacido en Barcelona en 1931. Es también el guionista de otros grandes héroes del tebeo español como: El Jabato, El Cosaco Verde, El Corsario de Hierro, Dani Futuro, etc.  Es una pena que la editorial quisiera alargar excesivamente sus series estrella (Capitán Trueno y Jabato) agotando la gran inspiración de Víctor Mora demostrada sobradamente hasta bien avanzadas las colecciones. De haberse producido antes el razonable "Fin" se hubiese evitado la decadencia mostrada por distintos motivos entre los que hay que destacar, además del cansancio en el guión, la torpe censura que eliminó las armas en los tebeos de aventuras y el cambio constante de dibujantes (caso de El Capitán Trueno).  Víctor Mora, falleció el 17 de agosto de 2016, mismo año en que "El Capitán Trueno" cumplió los 60 cabalgando entre la imaginación de niños y mayores de distintas generaciones.
VÍCTOR MORA
   





 
Miguel Ambrosio Zaragoza "Ambrós" fue el primer dibujante que tuvo este personaje y también el más querido por los seguidores de la serie. Nacido en Albuixech (Valencia) en 1913, y fallecido en 1992. Llevan su firma los cuadernos núm. 1 al 35 y 37, y en colaboración con Beaumont, los núms. 36, 38 al 45, 52 al 168, y 173 al 175. Es autor también de otros grandes héroes del tebeo español como: El Jinete Fantasma, Chispita o El Corsario de Hierro. Otros dibujantes de El Capitán Trueno, fueron: Ángel Pardo, Adolfo Buylla, Antonio Piqueras, Tomás Marco, Martínez Osete, Fuentes Man y J. Grau.
AMBRÓS
   




Algunas otras portadas inolvidables de la primera serie:

Portada del cuaderno número 2 publicado el día 22 de junio de 1956.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 3 publicado el día 6 de julio de 1956.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 4 publicado el día 20 de julio de 1956.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 6 publicado el día 17 de agosto de 1956.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 8 publicado el día 14 de septiembre de 1956.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 13 publicado el día 23 de noviembre de 1956.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 22 publicado el día 1 de marzo de 1957.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 24 publicado el día 15 de marzo de 1957.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 26 publicado el día 29 de marzo de 1957.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 27 publicado el día 5 de abril de 1957.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 34 publicado el día 24 de mayo de 1957.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 41 publicado el día 12 de julio de 1957.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 55 publicado el día 21 de octubre de 1957.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 71 publicado el día 10 de febrero de 1958.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 79 publicado el día 7 de abril de 1958.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 83 publicado el día 5 de mayo de 1958.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 102 publicado el día 15 de septiembre de 1958.

 

 

 

 

Portada del mítico cuaderno número 107 publicado el 20 de octubre de 1958 con el que se regalaba el primer ejemplar de "El Jabato".

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 113 publicado el día 1 de diciembre de 1958.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 115 publicado el día 15 de diciembre de 1958.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 119 publicado el día 12 de enero de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 121 publicado el día 26 de enero de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 123 publicado el día 9 de febrero de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 128 publicado el día 17 de marzo de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 131 publicado el día 6 de abril de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 142 publicado el día 22 de junio de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 144 publicado el día 6 de julio de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 152 publicado el día 31 de agosto de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 157 publicado el día 5 de octubre de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 159 publicado el día 19 de octubre de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 164 publicado el día 23 de noviembre de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 165 publicado el día 30 de noviembre de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 169 publicado el día 28 de diciembre de 1959.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 172 publicado el 18 de enero de 1960. El precio de 2,50 Ptas. fue   debido a que, con él, se entregaba el primer ejemplar de "El Capitán Trueno Extra" (La revista).

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 174 publicado el día 1 de febrero de 1960.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 175 publicado el día 8 de febrero de 1960.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 178 publicado el día 29 de febrero de 1960.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 181 publicado el día 21 de marzo de 1960.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 183 publicado el día 4 de abril de 1960.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 189 publicado el día 16 de mayo de 1960.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 198 publicado el día 18 de julio de 1960.

 

 

 

 

Portada del cuaderno número 203 publicado el día 22 de agosto de 1960.

 

 

 

 


Viñetas al comienzo del cuadernillo número 9, donde apreciamos a los cuatro principales protagonistas de la serie dibujados por Ambrós.  Colección: Joan Navarro.

 

 

 

 

Esta página corresponde al cuaderno número 126 y nos muestra una situación en la última viñeta de la primera fila que posiblemente iba destinada a aun beso entre El Capitán y Sigrid pero, la censura de la época, aconsejaría "prudencia" al emotivo encuentro.

 

 

 

 

El color azul se mantuvo siempre en las tapas traseras de los cuadernos de aventuras de Editorial Bruguera.  Esta corresponde al cuaderno número 125 de El Capitán Trueno, publicado el 23 de febrero de 1959.

 

 

 

 

EL CAPITÁN TRUENO EN LA REVISTA "PULGARCITO"
(Núm. 1388 de 9 de diciembre de 1957)



 

 

 

 

ALMANAQUES DE NAVIDAD

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EXTRAS DE VERANO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

LA REVISTA (Año 1960)

 

Portada del número 1 de "El Capitán Trueno Extra", conocido también como "La revista".  Su aparición tuvo lugar el día 18 de enero de 1960, entregándose junto al cuaderno número 172 de la serie original.

 

 

 

 

Semanas antes, la aparición de la Revista había sido anunciada en
la tapa trasera de los cuadernos de la serie original:



Colección: Joan Navarro



 

 




Colección: Joan Navarro

 



EL CAPITÁN TRUENO Y LA PUBLICIDAD

 

 

 

 



Arriba: El Capitán Trueno, Goliath y Crispín en publicidad para Chocolates Elgorriaga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



EL CAPITÁN TRUENO Y SUS AMIGOS, EN FIGURAS DE PLÁSTICO

(Pertenecen a la colección de José Aguilar Hernández)



 

 










 

 



RECORTABLES

Gentileza: José Antonio Campos









 

 

 

DEDICADO A MI AMIGO DANIEL BLASCO

El más ferviente admirador que conozco de:  Miguel Ambrosio Zaragoza "Ambrós", Víctor Mora y... El Capitán Trueno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Estas últimas diez aportaciones, son gentileza de Daniel Blasco Palacio (Ejea de los Caballeros) para "El desván de Rafael Castillejo".

 

 

 

 

Algunos artículos, publicados en fechas concretas:

 

 

Día 18 de agosto de 2016, tras el fallecimiento de Víctor Mora:

HÉROES DE LUTO - En días como hoy es cuando me gustaría poder escribir en algún periódico de gran tirada, pero debo ser tan malo que no me querrían ni gratis. Y me gustaría hacerlo para poder gritar a todo el mundo mi eterno agradecimiento al hombre que llenó mi infancia de tantas horas de diversión en compañía de unos héroes que combatían el mal incansablemente el sin temor a peligros y adversidades.  La época dorada del tebeo español que tantas veces recuerdo aquí, le debe mucho a Víctor Mora, sobre todo, en lo que se refiere al género de aventuras.  He querido plasmar en el cuadro de hoy sus tres personajes más populares: "El Capitán Trueno", "El Jabato" y "El Cosaco Verde".  No sé si alguna vez fueron conscientes los máximos responsables de Editorial Bruguera de la enorme calidad de su plantilla.  Ayer se nos fue Víctor Mora como antes se fueron tantos otros que hoy no quiero mencionar para no olvidarme de nadie.  De todos ellos me ocupo y me seguiré ocupando desde aquí y, sobre todo, desde mi página web de recuerdos, de mantener siempre vivos mientras yo lo esté.  Hace pocas semanas escribía sobre el sesenta aniversario de la publicación del primer número de "El Capitán Trueno".  Ha querido el destino que su padre literario se vaya este mismo 2016 pero, los que un día cabalgamos junto a él, estaremos siempre dispuestos a defender su gran trabajo cuando los "enteradillos" que no conocieron la verdadera causa del progresivo descenso de calidad en sus guiones a partir de un momento determinado intenten manchar su recuerdo pero, eso, es otra historia.  Descanse en paz.

Rafael Castillejo, a 18 de agosto de 2016.

 


 

 


Si a escritores y artistas se les agrupa convencionalmente en torno a una fecha clave, sea catástrofe nacional o centenario de poeta ilustre, los que vivimos toda nuestra infancia bajo la caspa del franquismo teníamos que buscar las señas de identidad en algún elemento liberador de la grisura cotidiana y que concitara entusiasmo, ilusión y fantasía. Ignoro qué marbete clasificatorio encuadrará a los ciudadanos de mi quinta, pero sé que por mi niñez pertenezco a la generación del Capitán Trueno.

Yo tenía ocho años cuando apareció en los quioscos el primer número, “A sangre y fuego”, con la firma del dibujante Ambrós en un costado, pero sin mención del guionista Víctor Mora. Conocí al personaje en las estupendas páginas centrales bicolor de Pulgarcito y comencé a ser fiel a los cuadernillos allá por 1957 o 1958, durante la aventura de Titlán el tirano que me impresionó de tal manera (escalofriaba aquello de sumergir a los enemigos en una piscina de oro hirviendo para transformarlos en estatuas doradas) que me incitó a la búsqueda de la colección completa y naturalmente a continuar la adquisición semanal. Recuerdo la ansiedad con que esperábamos cada nueva entrega, y las glosas, exégesis y polémicas a que daba lugar la devoción al “Capi”, como lo llamábamos en plan confianzudo. A mi amigo Manuel Aguirre le compraban los tebeos el domingo y yo leía El Capitán Trueno el jueves con lo que, consumido por la impaciencia, Aguirre me rogaba que aliviase sus incertidumbres resumiéndole el episodio como un tráiler de la lectura real; más tarde, la editorial Bruguera creó un sistema de suscripciones que garantizaba a sus usuarios una recepción de la revista previa a su distribución comercial, y entonces era mi amigo, al que por regalo de cumpleaños o de Reyes le habían suscrito a la publicación, el que se adelantaba a mi lectura y me relataba los avatares del Capitán a menudo con asombrosa literalidad, leía tantas veces y con tanta atención cada número que reproducía los diálogos de memoria. Creo que aún hoy sería capaz Aguirre de repetir el lamento del general Wank-Si, tras perder a su ejército, en la aventura “Chendalang y los cien mil”: «Llevé al combate a esos bravos cien veces. Los conocía a casi todos por su nombre. Miles de hombres valientes tronchados en unos momentos por el capricho de un loco. Tai, yo te hice capitán y te ordeno que hagas justicia a tantos muertos como ha provocado mi estupidez». Y Tai ensartaba con la espada a su superior ante el horror de Sigrid y la satisfacción del malvado Krisna. Aquello era magnífico, pensábamos, gran literatura, o sea, digno de Salgari. Yo mismo presumía hasta hace poco de poder contar sin mucho margen de error los primeros ciento cincuenta números de la colección, o algo más, hasta el 169 para ser exactos, el ejemplar que me indignó al no reconocer en la portada el trazo inconfundible del gran Ambrós, que había sido sustituido por un dibujo más anguloso, rígido e inexpresivo. Fue el principio del fin; las peripecias mantuvieron durante un tiempo un alto nivel imaginativo antes de que la censura y la codicia de sus editores consiguieran lo que ni el más acérrimo de sus enemigos había logrado: derrotar al Capitán Trueno, o al menos trivializarlo.

¿Por qué queríamos tanto al Capitán? Otro tebeo de espadachín medieval había sido muy apreciado por los chavales españoles de post-guerra, El Guerrero del Antifaz, que, sin desaparecer, fue desbancado por Trueno como gran mito del imaginario colectivo infantil. Hoy sabemos que Manuel Gago, el autor, no era un fascista como sugerían las connotaciones nacional-católicas de su historieta –de hecho, el padre de Gago fue comandante del ejército republicano--, pero su héroe sufría la contaminación ambiental del maniqueísmo y patrioterismo primarios de la época. Sobre su grave colega, el Capitán Trueno ofrecía varias ventajas evidentes: el diseño dinámico  de sus planchas que rompía con la tradicional monotonía de cuadrados en ringlera de su rival y, si la acción lo exigía, ocupaba la página entera una sola viñeta que nos deslumbraba con “la ola gigante” o “la gran explosión” o cualquiera de los dinosaurios surgidos del Jurásico o de los recuerdos cinematográficos de los autores, del mismo modo que a las batallas y peleas se les concedía las dimensiones adecuadas para su más espectacular plasmación; el sentido del humor, que en el folletinesco Guerrero brillaba por su ausencia, así como la alegría habitual de los protagonistas que no desconocían las bromas, las fiestas y las carcajadas (¿alguien recuerda una simple sonrisa del Guerrero?); los viajes por todo el mundo, incluida la América precolombina, gracias al globo aerostático del mago Morgano, mientras que los personajes  de Gago se pasaron doscientas ediciones sin salir de la península; y por supuesto, la novia del Capitán, la nórdica Sigrid, mucho más sexy que la ñoña Ana María, prometida y luego esposa del enmascarado. Aunque sea una impertinencia recordarlo, al Capitán lo acompañaban el hercúleo Goliath, de apetito descomunal e inclinado a las payasadas y a extraños juramentos («¡por el gran batracio verde!»); y el adolescente Crispín de fácil empatía con los lectores jóvenes por sus chanzas y rápidos enamoramientos. Pero igualmente inolvidables los antagonistas que constituyen una exótica galería de malvados: el obeso conde Kraffa y los árboles de su parque con jaulas colgantes donde encerraba a sus adversaros, el ciclópeo gorila Takunga, al que aniquilaron los buenos gracias a una ballesta de enormes proporciones que, a su vez, había inventado el diabólico Akrón el hechicero, y Erik el Fuerte y el tuerto General Cimitarra y los feroces Kambili y la Garra y docenas más. El éxito de la serie embriagó a los editores: Mora y Ambrós se responsabilizaban ya de las páginas dobles del Capitán Trueno en Pulgarcito, como se ha dicho, pero el trabajo empezó a multiplicarse: en 1960 Bruguera lanza El Capitán Trueno Extra, una revista de veinte páginas y formato vertical que, junto a aventuras inéditas y más bien apresuradas de los personajes principales, incluían otras secciones e historietas. Y a partir de ahí la explotación: El Capitán Trueno Gigante, El Capitán Trueno Color, las novelas de El Capitán Trueno, siempre refundiendo, mutilando –la censura ya había intervenido obligando a rebajar la violencia de los tebeos--, falseando el material original de los cuadernillos. Ambrós había sido definitivamente sustituido por Ángel Pardo, un buen dibujante pero que cambió la fisonomía del héroe, y luego por una pequeña legión de artistas, a menudo anónimos, para abastecer una franquicia rentable que había que exprimir. Hasta hoy se continúan reimprimiendo las hazañas del Capitán en diversos formatos; incluso hubo intentos, que no prosperaron demasiado, de que regresara Trueno para un público de más edad, siempre con guiones de Víctor Mora. El mejor tuvo lugar en la Historia de los cómics, que editó Toutain y coordinó Javier Coma, donde, en un acto de tardía justicia poética, Mora y Ambrós se juntaron para sorprender a los lectores con unas viñetas en las que Sigrid (con los pechos desnudos) y el Capitán hacían el amor en su castillo de Thule.

Durante años Víctor Mora fue noticia por su ardua y larga batalla legal para que se le reconociera lo que todos sabíamos, que era el padre del Capitán Trueno, y el conflicto jurídico se agudizaba cada vez que un productor retomaba el proyecto de rodar una película sobre la famosa historieta. La reivindicación de sus derechos de autor, más allá de lo económico, renovaba los muchos enfrentamientos de sus personajes a tiranías e injusticias. No hay que olvidar las vergonzosas condiciones laborales bajo las que habían trabajado los profesionales del tebeo español. Víctor Mora escribía los guiones del Capitán Trueno al mismo tiempo que los de una serie de ciencia-ficción, Vendaval, el capitán invencible; cuando esta fracasa en el mercado, se le encarga un péplum, un tebeo de romanos como decíamos los chicos entonces, y en 1958 nace El Jabato con los dibujos del veterano Francisco Darnís, donde Mora figurará, cuando se autoricen los créditos, como R. Martín (había sido encarcelado en 1957 por pertenecer al clandestino PSUC y desde la prisión enviaba los guiones que firmaba con diversos seudónimos, los del Capitán con el apellido patriótico Alcázar para desviar suspicacias). Y en 1960 la insaciable Bruguera lo compromete con una tercera colección, El Cosaco Verde (aquí Mora se transforma en R. Roldán y los dibujos corren a cargo del más esforzado que inspirado Fernando Costa), de mucha menos resonancia que las anteriores, aunque de todos modos alcanzó las 144 entregas. Es decir, en 1961 Víctor Mora era un auténtico esclavo de la editorial Bruguera para la que cada semana redactaba las proezas, peligros y suspenses de tres protagonistas distintos, sin contar las colaboraciones en las revistas de humor y en almanaques y extras de verano. Transcurrieran las aventuras en el Medioevo, el primer siglo del cristianismo o la Rusia decimonónica, la estructura era similar: el héroe con novia eterna, amigo musculado y muchachito (en El Jabato no hay adolescente pero sí, a partir del nº112, un elemento cómico, el vate desastrado y grotesco Fideo de Mileto; al equipo del Cosaco, que ya estaba completo –la chica Sankara, el forzudo Karakán y el imberbe Iván--, se le añade un chino sentencioso, Sing-Li), vaga errante por las partes del mundo conocidas y las ignoradas, como las profundidad de los volcanes, el centro de la tierra, la Atlántida y otros continentes misteriosos; se tropieza con pueblos oprimidos a los que redimirá machacando a sus dictadores (la palabra no se empleaba) o con damiselas perseguidas o civilizaciones hostiles, aparte de una zoología frecuentemente monstruosa y carnívora. La imaginación del guionista era asombrosamente fértil, pero hoy, con más lecturas, nos damos cuenta de que no le quedaba más remedio que rapiñar de todos los retazos del cine, las novelas de aventuras y los cómics norteamericanos que conservaba su memoria. Sigrid es una contrapartida de Aleta, la reina de las Islas de las Brumas en El Príncipe Valiente, y de la misma serie de Harold Foster proceden la espada maravillosa que el Jabato encuentra en unos matorrales (aunque Mora se olvidará de ella) y la idea de trasladar a sus personajes al otro lado del Atlántico; Takunga es, por supuesto, una variante de King Kong; los seres de pesadilla que asustan al Capitán en el episodio “Los horrores del bosque” copian descaradamente una de las primeras tiras de Dan Barry para Flash Gordon; el alienígena que se adhiere a la espalda de un pobre terrícola en la aventura de Vendaval que publicó Pulgarcito se inspira (por no decir plagia) en la película El experimento del doctor Quatermass; los hombres-peces con afición a raptar a la amada del Jabato mimetizan a La criatura del Lago Negro y, en fin, El mundo perdido de Conan Doyle, las novelas de Verne, Karl May y Rice Burroughs, por citar los modelos más obvios, asoman fragmentariamente por las miles de páginas en las que Víctor Mora gastó sus energías y su juventud. Pero sería injusto no recordar sus abundantes ficciones originales: la montaña de los enanos, el bajel del desierto, la secta de los hombres-cocodrilo, la ciudad de hielo del Gran Unicornio y tantas más que fueron un oasis entre las clases de Formación del Espíritu Nacional y el rosario vespertino.

Hubo un Víctor Mora anterior al Capitán Trueno y otro posterior a él. En el universo del cómic continuó inventando ficciones para niños (El corsario de Hierro lo reunió de nuevo con Ambrós) y para adultos (con dibujos de Annie Goetzinger, Luis García, Vïctor de la Fuente y muchos más). Escribió una trilogía novelesca que constituye la mejor historia de aprendizaje de un guionista de tebeos, y unas memorias que deben ser leídas por todo aquel interesado en nuestra cultura popular. Pero yo, que he seguido con placer toda su obra, al conocer la noticia de su muerte pensé inmediatamente que el Capitán Trueno se había quedado huérfano y que nosotros, que tanto lo disfrutamos, le debemos a su padre un agradecimiento hondo y duradero. Aquí lo expreso.

José María Conget

 

 

 

 

YO VIAJÉ POR TODO EL MUNDO CON EL CAPITÁN TRUENO

(Rafael Castillejo) - Publicado en la revista "La Sirena" en junio de 2006.

 

El año 1956 se presentaba para los españoles más o menos como los diecisiete anteriores. Ya había pasado tiempo desde que la guerra civil había terminado, pero daba la sensación de que en este país siempre iba a ser posguerra. Los chavales crecíamos en la calle jugando con cosas elementales y palabras como "ordenador" o "mega", tan usuales hoy en día, tenían otro significado. No se respiraba racismo, al menos con la raza negra. Los veíamos en las películas ambientadas en África y dibujados en los botes de Cola-Cao o en los envoltorios y cromos del Chocolate Batanga. Incluso algunos críos les envidiaban, pues creían que su color se debía a que se pasaban el día atiborrándose de chocolate. No teníamos negros, ni chinos, ni árabes.. no teníamos inmigrantes. Éramos nosotros los que teníamos que emigrar. Las niñas querían ser princesas y si alguna como mi vecina Pilarín, estaba excesivamente delgada, no era por moda, sino porque el miserable sueldo de su padre no daba para alimentar debidamente a la prole que tenía en casa. En el mes de junio de ese año 1956, apareció por primera vez en nuestras vidas "El Capitán Trueno".

En aquellos tiempos, dos de las mejores diversiones posibles eran los tebeos y el cine, por lo que mencionar a editoriales como: Bruguera, Maga o Valenciana, era como hablar de: Cifesa, Paramount o Metro-Goldwyn-Mayer.

Sería en los primeros meses de ese año cuando Editorial Bruguera encarga al guionista barcelonés, Víctor Mora, estudiar la creación de un personaje que pudiera convertirse en un gran éxito comercial. En aquel momento, esta editorial publicaba "El Cachorro" y quería algo que, al menos, pudiera parecérsele.

Víctor Mora ha confesado muchas veces que de todos los mitos en que podía basarse para la creación de un nuevo héroe, el mito de la Tabla Redonda era el que más le podía inspirar. Aunque Editorial Valenciana llevaba años vendiendo muy bien un personaje medieval como "El Guerrero del Antifaz", tenía muy claro que su nuevo cuaderno de aventuras, salvo en la época en que se ambienta, no debería parecérsele en nada. Además, iba a nacer en el mismo momento en que las pantallas de los cines proyectaban con gran éxito de taquilla, films histórico-medievales como: "Los Caballeros del Rey Arturo", "El Príncipe Valiente", "Coraza Negra" o "Ivanhoe".

Nada más aceptar Bruguera la sinopsis que del nuevo personaje le presentara Víctor Mora, el siguiente paso sería encontrar al dibujante adecuado. Lo encuentran en la casa en la figura de Miguel Ambrosio Zaragoza (Ambrós), natural de Albuixech (Valencia), que pocos meses antes había llegado procedente de Editorial Grafidea, donde había alcanzado gran éxito con personajes como "Chispita" y "El Jinete Fantasma".

El primer cuaderno de "El Capitán Trueno" en formato apaisado (17 x 24), sale a la venta el mes de junio de 1956, al precio de 1,25 pesetas. El comienzo de sus aventuras se sitúa en el siglo XII, a las puertas de Jerusalén durante la Tercera Cruzada, presentando al nuevo héroe como jefe de un grupo de españoles que lucha junto a Ricardo Corazón de León. No obstante, la característica más importante de la serie será el continuo desplazamiento de los personajes protagonistas por todos los rincones del mundo, a los que llegaba rápidamente gracias al ingenio de un sabio de la época, amigo de Trueno (Mago Morgano), que adelantándose notoriamente a su tiempo, había inventado un globo aerostático. En el primer cuaderno aparecerían ya su fiel escudero, Goliath, forzudo bonachón, y el joven Crispín, que avanzada la serie se descubrirá como hijo de un fallecido compañero de armas del Capitán. Muy pronto, en el tercer cuaderno, aparecería la otra gran protagonista de la serie, Sigrid de Thule. Ella fue la dama y eterna novia del Capitán Trueno. Hija del rey vikingoThorwald. Adoptada a la muerte de sus padres por Ragnar Logbrodt, que en su agonía (cuaderno nº 70), le revela su origen y derecho al trono de Thule. Ya reconocida reina, dejaría durante algunos períodos de tiempo de acompañar al Capitán para dedicarse a asuntos de gobierno. Demostraría una increíble paciencia ante los sucesivos aplazamientos de boda que las continuas aventuras imponían.

Además de los principales personajes, hubo muchos otros que alcanzaron gran celebridad, tanto en el apartado de amigos como de enemigos. Así podemos recordar grandes amigos de Trueno, como el anteriormente mencionado padre adoptivo de Sigrid, Ragnar Logbrodt. El Príncipe Gundar, antiguo pretendiente de la reina de Thule. Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra y jefe de los cruzados en Palestina. Morgano, el mago que en el cuaderno nº 13 de la serie regalaría al Capitán su invento del globo aerostático. Zaida, antigua reina de los negreros, redimida por Trueno, enamorada de éste, se casaría finalmente con Gundar. Entre los más encarnizados enemigos podemos mencionar a Akrón el Hechicero, Capitán Krisna, General Cimitarra, Ulrich el Negro, Conde Kaffa, Titlán el Tirano, etc.

En realidad, la aparición de "El Capitán Trueno" supuso toda una renovación de la historieta española de aventuras. A diferencia de "El Guerrero del Antifaz", este héroe y sus amigos disfrutan con sus correrías y no se sienten esclavizados por ellas. Son simplemente caballeros andantes dispuestos a desfacer entuertos, a salvar doncellas cautivas, a derrocar tiranos opresores y a desvelar misterios impenetrables, y lo hacen con alegría y sin darle demasiada importancia.

Es imposible saber el número de lectores que pudo alcanzar en sus mejores momentos. Hay datos que hablan de 175.000 ejemplares vendidos, pero hay que tener en cuenta que en aquellos años cincuenta era habitual el intercambio de tebeos en las tiendas e incluso el alquiler, por lo que hay quien asegura que algún número de la serie pudo llegar a ser leído por más de un millón de personas.

La colección alcanzaría los 618 ejemplares y, Víctor Mora, que firmaba como Víctor Alcázar, sería su único guionista, salvo en los números 26 a 45, que llevan la firma de Ricardo Acedo. En cuanto a los dibujantes, pasarían muchos, pero Ambrós fue el más importante de todos ellos con diferencia. Sus dibujos aparecen en la mayoría de los doscientos primeros números y, curiosamente, su colaboración con Beaumont coincide con la época de mayor tirada. Aunque esos primeros doscientos son de una calidad inusitada, hasta el número 400 puede leerse con interés. Después, entre el lógico cansancio de Víctor Mora y la poca calidad de los sucesores de Ambrós, la serie degeneraría hasta un final que se prolongó demasiado.

Aunque siempre recordaremos a este personaje por la publicación original, no sólo apareció en los cuadernillos apaisados. En 1960, apareció la revista "El Capitán Trueno" en formato vertical y tamaño 25 x 17 centímetros. Se publicó durante ocho años, alcanzando los 427 ejemplares. También aparecería durante varios años en las páginas centrales de la revista "Pulgarcito" y en la Colección Héroes (novelas con páginas de historietas). No podemos omitir los típicos Almanaques de Navidad y Extras de Verano.

En resumidas cuentas, "El Capitán Trueno" generó grandes beneficios a sus editores aunque, como suele ocurrir, no repercutieran en sus autores, porque además de esas series originales, se llegaron a hacer numerosas reediciones y se publicó en varios países. La publicidad también aprovechó la fama del personaje (recuérdense las tres aventuras del Capitán con el Paje Elgorriaga para la firma Chocolate Elgorriaga, en las contraportadas del cuaderno y la revista). Se lanzaron también escudos adhesivos, hojas recortables y panoplias de espada y escudo. La casa Estereoplast creó una serie de figuritas de plástico con los principales personajes de la serie, sus barcos, animales, etc.

Pero este éxito comercial de excepción no implica una calidad fuera de serie. La editorial no supo reconocer lo que un dibujante como Ambrós había creado y alargó innecesariamente la serie, dando entrada a sucesivos dibujantes de muy distintos estilos. Esto, junto al lógico cansancio de Víctor Mora, hizo que los últimos años no se parecieran en nada a los de su época de mayor esplendor.

En cualquier caso, "El Capitán Trueno" permanecerá siempre en el recuerdo de los millares de jóvenes que pasaron emocionantes horas en su compañía.

Rafael Castillejo Murillo