LA STRADA

Ficha artística:

Dirigida por: Federico Fellini
Año: 1954
Música: Nino Rota
Productora: Ponti de Laurentiis
Reparto: Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart, Aldo Silvani, Marcella Rovere

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En aquel tiempo, años cincuenta del siglo pasado, yo era todavía alumno raro de un colegio en el que se tenía por costumbre hacer cine forum, una especie de sustitución paralela de esa asignatura que nunca jamás han querido incluir en los planes de enseñanza, el cine, a pesar de que ya entonces se consumía en abundancia. Mi rareza como alumno consistía en que trabajaba como fámulo, no del todo una desgracia en los tiempos en que, si en casa no había dinero, no podías estudiar. Ello me daba algunas ventajas, como por ejemplo, la de hacer pirola cuando los frailes me enviaban a hacer recados o chapuzas. En una ocasión tuve que ir a correos con un carro de mano para recoger unas cuantas cajas de libros. Una vez cargados, probada en otras ocasiones similares la felicidad que producía fumarse la clase y ya viciado por el cine a causa de los numerosos cineforums a los que había asistido, además de ocuparme ya de casi todos los trabajos relativos con el salón y la cabina de proyección, me largué con el carro al cine Latino, lo dejé en la calle durante dos horas detrás de la Iglesia de San Gil y entré a ver por primera vez en mi vida La Strada, de un tal Federico Fellini, del que ya había realizado una proyección de otra película suya en el cole: I Vitelloni.

Salí tan absorto de la proyección que se me olvidaron los libros. Tuve que volver a por ellos y allí estaban con el carro incluido a la espera de mi recogida, cosa que hoy en día jamás hubiese sido posible: No hubieran durado ni diez minutos. La Strada supuso para mí descubrir que en el Cine había algo más allá de las películas domingueras y de las lecturas que los coordinadores de los coloquios daban a muchos temas, empeñados en descubrir a Dios en los personajes que menos culpa tenían de nada; aún reconociendo que allá, en ese colegio, había un cierto aperturismo y el forum daba oportunidad de reunirse más de seis personas sin permiso de la policía y de decir lo que se te ocurriera aunque fuese una tontería.

Pocos años más tarde era yo el que dirigía y coordinaba algunos de esos coloquios y, por supuesto, en una de esas sesiones, programé esa película de Fellini que, en su momento me había asombrado por su humanidad, su fuerza poética, su valentía; por el contraste y la reflexión a la que obligaban al espectador esos dos maravillosos personajes encarnados por Giuletta Masina y Anthony Quinn. Y por supuesto descubrí también a uno de los genios de la historia del Cine del que no me perdería ni una sola de las obras que haría después a lo largo de su carrera.

Si es una de las películas de mi vida no es solamente, como habrán podido apreciar, por la película en sí misma y por sus valores, que los tiene, sino por una serie de circunstancias que la acompañaron y que me animaron a tomarme el cine, en lo sucesivo con una mayor seriedad. No era la primera película interesante que veía pero sí que fue una de las pocas que me han hecho perder posteriormente tanto tiempo, esfuerzos y dinero, en ese arte que puede ser también espectáculo y pasatiempo, el más representativo del siglo XX (ya veremos si también del XXI). Si he elegido ese título ha sido por tratarse de una experiencia personal e intransferible.


ALBERTO SÁNCHEZ MILLÁN
-Tertulia Cinematográfica Perdiguer-