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Estoy convencida de que si algún
crítico de los "muy sesudos" lee estas líneas
lo hará con una sonrisa torcida y condescendiente puesto que he
cometido dos pecado: he escogido una película comercial y además
(oh señor!) americana.
Pues mira por donde, como soy mujer de pocos prejuicios, tanto me da quien
sea el guionista, director, compositor de la banda sonora o la tía
abuela del director de fotografía. Y por supuesto poco me importa
si los actores son americanos de pura cepa, judíos, irlandeses
o nacidos en Europa del este. Lo único que le pido al cine es que
cuando se apaguen las luces, me atrape como sea y me haga olvidar todo
lo demás incluído el impertinente y ruidoso comedor compulsivo
de palomitas que nunca falta en ninguna sesión para desgracia de
los que no tenemos más remedio que inspirar-expirar, intentar obviar
el aroma que se desprende de cada puñado de porquerías que
se mete en la boca y reprimir las ansias casi incontenibles de atizarle
un puñetazo en medio de la nariz. Deberían prohibir comer
en las salas. Bien. Paso a mi elección: LOS PUENTES DE MADISON.
Conocí a Clint Eastwood haciendo de duro
durísimo. La verdad es que no me entusiasmaba. Pero con el tiempo
ha demostrado que el suyo ha sido un camino de "largo recorrido".
Han tenido que pasar muchas décadas y cientos de balas para que
este genio lleno de sensibilidad, inteligencia y buen gusto se decidiera
a dirigir. Y de entre todas sus películas dentro de esa nueva etapa
(brillantes todas: "Medianoche en el jardín del bien y del
mal
Sin perdón
Bird
Mistic River
Million Dollar
Baby
etc etc etc) yo me quedo con Los puentes de Madison, sencillamente
por cómo me conmovió. Diría que es una película
esencialmente femenina y me atrevería a afirmar que no hay una
sóla mujer que no se haya reconocido en algún momento de
la historia.
Meryl Streep interpreta a Francesca, ama
de casa, enterrada en años de rutina y Clint Eastwood a Robert
Kincaid, fotógrafo del National Geographic. Por casualidad sus
vidas se cruzan y así comienza esta historia sobre el amor, la
elección y sus consecuencias.
Mi escena favorita: Robert Kincaid llorando de amor bajo la lluvia. Una
magistral película, que además tiene una banda sonora de
las que luego te puedes poner en casa, si es posible en compañía
(romántica mejor que mejor).
Sirvan estas líneas de humilde homenaje a Clint Eastwood, por las
maravillosas horas que nos ha hecho pasar a tantos. Dicen que ver una
película es como vivir un rato la vida de otros. Osea que los que
vemos mucho cine, se supone vivimos más vidas que el resto
Gracias por ello Clint, con el perdón y el permiso de "El
Hidalgo de los Mares", "La fiera de mi niña" , "Jesucristo
Superstar", "Dersu Uzala", "Cleopatra" (la argentina),
"Gladiator", "Magnolias de acero", "Leyendas
de pasión", "Alien", y especialmente todas todísimas
las de Steven Spielberg que por cierto, afirmó haber llorado sinceramente
cuando vió "Los puentes de Madison". Al igual que yo.
PILAR BELLÉ
Periodista
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