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LA HUELLA Ficha artística:
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| Cuando en mi infancia escuchaba
a mis padres hablar de cine, escuchaba frases como "en esta película
trabaja fulanito y menganita", que parecía dar a la cinta
un sello de calidad. En aquellos tiempos los fulanito y menganita podían
ser Fernando Rey o Charles Boyer e Imperio Argentina o Ava Gardner. Como
supongo que la educación llega más por la vía del
ejemplo que de las sentencias, me quedó este criterio de valoración
para buena parte de mi vida.
En los 80 había video-clubs por todos los barrios, y muchos nos acabábamos de comprar el VHS. Cuando aquél sábado pasé la vista por la estantería y vi una cinta en la que "trabajaban" Lawrence Olivier y Michael Caine lo tuve claro. Ni me fijé en el título ni en el argumento. Desde el mismo principio vi claro que mis párpados no iban a permitir que me perdiera ni un solo "frame". Y así fue. La tensión permanente me tuvo enganchado todo el tiempo y hasta mi vejiga entró en hibernación. Sólo al final me di cuenta de que con sólo estos dos personajes me había quedado seducido -sólo aparece un tercer personaje al final-. Tan impresionado me quedé, que hice votos de no volver a verla, para que no se rompiera el encanto. Y falté a mi palabra. Y es curioso que, aun conociendo ya la historia estuve igualmente enganchado esta segunda vez. Empecé a preguntarme si la película hubiera mantenido este tremendo nivel con otros dos actores, y si hubiera sido igual de elegante y dinámica. La respuesta la encontré al ver otras dos películas de Mankiewicz: Eldía de los tramposos -me encantan los andares de Henry Fonda- y Odio entre hermanos, con otro de mis monstruos favoritos, Edward G Robinson. Con Mankiewicz me pasa lo mismo que con Clint Eastwood y en su momemto con los Beatles: Estoy pendiente de lo próximo que van a hacer, porque sé que me va a enganchar. En todos los casos se dan dos grandes virtudes: elegancia y ritmo, el ritmo justo. No he vuelto a ver "La huella". Pero tampoco me importaría.
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