KING KONG (1933)
Exposición de imágenes y carteles de una joya del CINE
(Dedicada con especial cariño a Fay Wray, donde quiera que esté)




Fay Wray

 

Esta bonita selección de imágenes y carteles, la incluyo en mi viejo desván en agradecimiento a la película que más me ha impresionado de todas cuantas he visto. Han pasado más de 75 años desde su estreno y algunos osaron mejorar la vieja versión, pero los avances tecnológicos no han conseguido superar el irresistible encanto de la original.

No se trata solamente de una gran película de aventuras, sino de una historia de amor tan bella como imposible. El mito de "La bella y la bestia" representado de una manera singular. Un guión perfecto, una dirección excelente y unos actores sobrios y eficaces, hacen que no reparemos en unos efectos especiales que, naturalmente, no tienen nada que ver con los de hoy en día, pero esto poco importa porque nos encontramos ante una auténtica maravilla de la historia del CINE.


Dedicado a FAY WRAY, donde quiera que esté.


 


 


Año 1933 - Fotomontaje de promoción de la película.

 


Un director de cine, Carl Denham (izquierda), encuentra la actriz que busca para rodar en una misteriosa isla.
Ann Darrow, víctima del hambre provocado por la gran depresión, acaba de robar una manzana y él evita la denuncien.

 


Denham convence a Ann para rodar una película de aventuras en un lugar desconocido.




De viaje a la misteriosa isla, Carl Denham da clases de interpretación a Ann Darrow en la cubierta del Venture.

 


Tras la niebla, vislumbran la Isla Calavera con su misteriosa muralla. Del Venture, parte una pequeña barca con
varios hombres que se disponen a poner pie en un mundo perdido.

 


Pronto descubrirán el motivo de los tambores que se escuchaban tras la niebla: La celebración de un
sacrificio en honor a algún ser o dios, temido por los indígenas.



Tras el rapto de Ann, se acerca la aparición del "ser desconido" que atemoriza a la tribu.




Acaba de sonar el gong que avisa a su dios de la nueva ofrenda.



Aparición de King Kong, el ser más temido de la isla.

 


Uno de los grandes momentos del film. Kong haciendo frente a los que intentan arrebatarle a Ann.

 


King Kong intenta proteger a Ann de los animales de la isla.

 


La memorable lucha con el pterodáctilo que permitirá la huida de Ann junto a Jack Driscoll.

 


Impresionante fotograma que recoge el momento en que se apresuran a cerrar la puerta de la muralla. Ann acaba de
ser rescatada por Jack Driscoll y Kong se acerca furioso.

 


Ya en Nueva York, Carl Denham presenta a King Kong como la "Octava Maravilla del Mundo".

 


Lo mismo que en su isla, Kong intenta proteger a Ann en lo más alto que encuentra en Nueva York.
El Empire State Building quedaría asociado a esta película para siempre.

 


Abatido Kong por los aviones, Jack Driscoll, Carl Denham y la policía, suben a por Ann Darrow.

 


El gran simio ha caído. Ann y Driscoll se abrazan mirando al vacío.

 


Gran parte del equipo de rodaje con la encantadora Fay Wray al frente.


 

 

 

 

 

 

 

 


 

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KING KONG (1933)

Ficha artística:

Dirigida por: Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack
Año: 1933
Música: Max Steiner
Productora: RKO Radio Pictures
Reparto: Fay Wray, Robert Armstrong, Bruce Cabot, Noble Johnson, James Flavin, Sam Hardy, Frank Reicher

Para mí, la película de aventuras que todo director de cine que se precie debería visionar al menos cien veces, antes de decidirse a rodar un filme de este género. Con todos sus anticuados efectos e innumerables fallos, mantiene vigente un encanto especial que, hasta la fecha, nadie ha sabido superar.

Recuerdo perfectamente la primera vez que pude verla. Fue en el Cine Actualidades, que se encontraba en el Pº.Independencia de Zaragoza, y gracias a las reposiciones tan habituales por aquellos años. También recuerdo lo primero que hice al terminar la película: mirar el reloj. Yo no podía creer que cien minutos, pudieran haber pasado tan deprisa.

Podríamos decir que esta película es la continuación lógica de "The lost world" (1925). Sus efectos especiales, que hoy en día pueden hacer reír a algún insensible descerebrado, son extraordinarios para su época, siendo la imaginación su mejor recurso. El guión es de una agilidad extraordinaria y, al contrario que suele ocurrir con otras obras en que el principal protagonista tarda bastante en aparecer en escena, en ningún momento se hace largo ni aburrido el viaje hasta la "Isla Calavera". Lo que sucede a continuación es ya CINE con mayúsculas: la llegada de la expedición en el momento de los preparativos para el sacrificio a Kong de una nativa; el impacto que produce la belleza rubia de Ann Darrow (Fay Wray), en el jefe de la tribu; el posterior secuestro nocturno de ésta, y la llegada del grupo rescatador justo en el momento de la aparición de King Kong, son una sucesión de emociones que ningún remake ha podido superar. Después, el delirio: una isla anclada en la prehistoria, envuelta en una niebla tenebrosa y llena de peligros, se ve amenazada por primera vez por el peor de todos: el hombre. En pocos minutos, los perseguidores de Kong al rescate de la bella Ann, pasarán a ser perseguidos por el gran gorila cuando le arrebaten su último sacrificio humano; el único juguete que no rompió, la única muñeca que le ha hecho poner ojos de bobo; la causa de que, por primera vez en su vida, pierda el control y la fuerza: EL AMOR. El mito de "La bella la bestia" toma por primera vez cuerpo en la película, aunque ya nos lo había advertido el director al comienzo, cuando tras los títulos de crédito acompañados por la excelente partitura de Max Steiner, se lee el maravilloso proverbio árabe.

Lo que viene a continuación, todo el mundo lo ha visto alguna vez. La codicia y la estupidez humana convertirán a quien durante mucho tiempo había reinado en su hábitat natural, en un mono de feria. Después, el caos. El Nueva York de los años de la gran depresión ha recibido, sin comerlo ni beberlo, un nuevo problema. Las fuertes cadenas de acero no servirán para impedir que el gran enamorado recupere a su amada. Eso es amor, y lo demás cuentos chinos. Pánico en la gran ciudad y la elección del mítico Empire State para buscar un lugar de protección. El gran gorila tenía en el punto más alto de su isla su guarida. Allí, dominaba a sus enemigos y se sentía seguro. Allí, no había aviones ni ametralladoras. Poco después: el más bonito y triste final de la historia del cine. En ese momento, hasta el culpable de todo, el productor Carl Denham (Robert Armstrong), reconoce que ha sido la belleza la causa de la muerte de la bestia.

Por favor, señores directores de cine: no se molesten en hacer nuevos remakes. El último (Peter Jackson-2005), sin hacerlo del todo mal, no ha logrado igualar el encanto de esta maravilla de hace más de setenta años. De los anteriores, más vale no hablar. Supongo que yo habré muerto cuando un nuevo director lo intente de nuevo, pero no me importa, porque estoy seguro de que no me perderé nada interesante.


RAFAEL CASTILLEJO MURILLO




Con mi agradecimiento especial a Jerry Murbach (Dr.Marcro) y Revista LIFE, sin cuyas aportaciones no hubiese sido posible crear esta exposición.

 

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